Guatemala, Chichicastenango embrujo del mundo Maya

•septiembre 20, 2010 • 1 comentario

 

Guatemala es el encanto natural por excelencia de Centroamérica, no importa dónde uno se desplace, norte o sur, sus costas caribeñas o la selva profunda. Este país azotado por la salvaje crueldad del ser humano desde antes de nuestra era y hasta hace escasamente una década, ha conservado en toda su extensión el mundo original, el de los tiempos más remotos.

Y no solo la naturaleza, tambien las personas, en una gran extensión del país los indígenas Mayas conservan la raza pura en más del 90% de la población, sin mestizaje. La villa de Chichicastenango, corazón del mundo Maya es un claro ejemplo de ello, del misticismo y la ancestralidad que envuelve a a esta misteriosa gente y sus costumbres. Su población es indígena, de la étnia Quiché, el mismo nombre que toma la lengua que utilizan sus habitantes y que consiste en sonidos entrecortados pero exóticamente melodiosos.

Chichicastenango es muy conocida por su mercado pero también porque es el lugar dónde se encontró el Popol Vuh, libro religioso maya que narra el origen de la humanidad. Fue traducido del original escrito en quiché al castellano por fray Francisco Ximénez.

La villa está situada a 2.000 metros de altitud, a unos 250 kms al noroeste de la capital Guatemala. La imagen urbana de Chichicastenango tiene las características de las  poblaciones ocupadas por el colonialismo español, de tipo colonial especialmente su centro histórico.  Su urbanización se caracteriza por calles pequeñas y empedradas en las áreas cercanas al centro en donde se ubica la plaza central del cual, en su periferia está el palacio municipal, iglesia católica, museo, centro comercial municipal, parque y otros centros comerciales importantes.

Por toda esta zona centro se concentra el mercado de Chichicastenango, un mercado hechizante. Con poco que nos fijemos nos daremos cuenta que no se trata de un mercado orientado al turista. La actividad es fervorosa pero con la inmensa y eterna calma de la población indígena Maya, las calles están atestadas de gente, y el colorido de los puestos de telas, de frutas, de trabajos en cuero y en madera, mezclado con el envolvente sonido de la lengua quiché comienza a sacarnos de nuestra dimensión de espacio y tiempo. En mi caso, tengo que reconocer que despues de visitar decenas de mercados por todo el mundo incluidos zocos y medinas árabes, este lugar no tiene comparación, es sencillamente místico y cautivó mi espíritu de tal manera que pasear entre sus calles era una auténtica experiencia de abstracción física y un delicioso y armonioso viaje de los sentidos al pasado de la cultura indígena centroamericana.

Otra de las cosas que jamás olvidaré de este lugar son los críos. Las niñas de Chichicastenango con sus ojos rasgados y sus miradas dulces que penetran lo más profundo del alma del hombre más frío e inhumano. Se acercan con muchísima educación, delicadamente hablando una lengua entre quitché y castellano, ofreciendo aquellos muñequitos que fabrican manualmente para cuidar tus sueños y te cuentan la historia… “señor, cuando tenga miedo de algo se lo cuenta al muñeco y lo guarda debajo de la almohada, él le protegerá…” Estas almas infantiles y maravillosas están a merced de los numerosos políticos corruptos que gobiernan el país, esos desalmados perros que con sus asquerosas  y gangrenadas manos compradas por el dinero del tráfico de influencias, el crimen organizado y el narcotráfico despojan año tras año al país de sus escasa posibilidades de progreso, y condenan a una vida de pobreza y analfabetismo a estas criaturas fabulosas y adorables.

Casablanca, Mezquita de Hassan II

•diciembre 15, 2009 • 3 comentarios

 

 

 

 

   · Domingo, 6 de diciembre ’09, CASABLANCA, “Mezquita de Hassan II”.

Una de las mejores cosas que tiene Casablanca es su clima, siempre cálido, soleado, muy agradable, casi todos los días son ideales para poder dedicarse tiempo a uno mismo y al placer de descubrir nuevos lugares. En uno de estos días hacer una visita a la Mezquita con el minarete más alto del mundo , “La Mosqué Hassan II” es una elección perfecta.

La Mezquita Hassan II (árabe: مسجد الحسن الثاني) se encuentra en la ciudad de Casablanca (Marruecos) y es el templo más alto del mundo (los láser del minarete de 200 m pueden ser vistos desde varios kilómetros), y el segundo más grande (después de la mezquita de La Meca. Cuenta con las últimas tecnologías como resistencia a terremotos, techo que se abre automaticamente, suelo con calefacción o puertas eléctricas. Es de las pocas mezquitas del mundo musulman que permite la visita a los turistas no musulmanes.

 

 Fue diseñada por el arquitecto francés Michel Pinseau y los trabajos de construcción empezaron el 12 de Julio de 1985 y fue inaugurada el 30 de agosto de 1993. En los trabajos de construcción trabajaron unas 2.500 personas y 10.000 artesanos marroquíes, quienes trabajaron con mármol, granito, madera, mosaicos, escayola… para elaborar los techos, suelos, columnas etc. El coste aproximado de la mezquita fue de unos 5494 millones de dirham (unos 504,85 millones de euros). La altura del minarete es de 200 metros.

 

Además de la mezquita de los viernes, el edificio tiene otras funciones (capaz de albergar hasta 100.000 creyentes: 80.000 en el patio y 25.000 en la sala de oraciones), el edificio dispone de: una medersa (escuela coranica), salas de conferencia, hammams, bibliotecas especializadas y un aparcamiento subterráneo. Su situación (peninsula artificial sobre el agua) se debe a que Hassan II se inspiró el siguiente versículo del Corán: “El trono de dios se hallaba sobre el agua”.

 

Mi recomendación es acudir a primera hora de la mañana ya que aún no se ha formado la bruma que comienza a espesar a medio día con el calor del sol, está menos poblada y se puede disfrutar totalmente de la sensación de inmensidad y calma del lugar.

 

 

Marruecos: Marrakech, Le Comptoir

•noviembre 8, 2009 • Dejar un comentario

· Sábado, 21 de noviembre ’09, MARRAKECH, “Le Comptoir”.

Antes de llegar a Marrackech recibí una adevertencia de un amigo de origen Sirio tomando un té a la menta en Casablanca, “Marrackech es las Vegas de Marruecos, allí de repente todo cambia”… No lo tomé demasiado en cuenta.

Hoy era la primera noche que salía a cenar y tomar una copa en la ciudad, nos dirigimos a uno de los locales que me habían recomendado. “Le Comptoir”.

Nada más cruzar el umbral de la entrada una sensación de arabesca opulencia se apodera de los sentidos, tras  llegar desde una semiiluminada avenida con palmeras y poco más, el acceso al local te muestra lo que vas a encontrar más adentro: largas cortinas de terciopelo blancas y moradas, enormes candiles de hierro fundido iluminados desde dentro con grandes cirios. Candelabros de plata y vajillas relucientes, rodean a un ejército de “hostest” que esperan a la llegada de los clientes ataviadas con tradicionales vestidos de servidumbre diferentes a los que habíamos visto hasta ahora siempre más lujosos lo q nos resultó muy original dotando al local de un aspecto aún más auténtico. En caso de no tener reserva te llevan hasta la barra del bar dónde tomar la cerveza más simple cuesta unos 7 euros a la espera de una mesa libre. Cuando subimos a la planta superior, el ambiente era único…

La oscuridad se apoderaba del lujoso espacio, mesas redondas con velas y grandes pipas de agua en el centro que se iban pasando los comensales, bellas chicas de rasgos árabes lucían vestidos de noche, algunas esperaban una buena ocasión, otras rodeaban  a tipos con apariencia de haber salido de una película de tarantino, en su mayoría tambien árabes y con falta de espacio en la billetera para meter la cédula de identidad.

Delante mía, de espaldas, un Marroquí vestía una camisa de brillante seda blanca, su brazo izquierdo apoyado sobre el asiento de al lado mostraba un reloj de oro de unos 500 gramos, y dos o tres anillos similares en tamaño y material. Dos botellas sobre la mesa de Jhonny Walker y una pipa que le iban cuidando cada poco con una atención exquisita…. mientras le observaba todo de repente cambió, entonces comprendí a mi amigo Sirio…

Las luces bajaron y la música de las mil y una noches sonaba con bases rítmicas potentes.  Con una canción titulada “De Granada a Casablanca…” y desde la oscuridad aparecieron cuatro mujeres, dos mantenían en equilibrio en sus cabezas bandejas con candelabros repletos de velas, las otras dos chicas, apenas cubiertas con un velo en la cintura lleno de cascabeles y monedas, bailaban la danza del vientre de la manera más increible que he visto nunca.

El rostro de los presentes lo decía todo, hombres y mujeres miraban fascinados como los dos cuerpos dorados se retorcían con un ritmo encantador, como si de serpientes se trataran, y la cinturas vibraban a un ritmo vigoroso, único, haciendo sonar las alhajas e hipnotizando a todos.

De repente una de ellas se subió en una silla, junto al tío de la camisa blanca y comenzó a hacerle sonar los cascabeles deslizando sus caderas a la altura de su cara, moviéndose, sensual, la cintura, el vientre, el pecho… no dábamos crédito a la forma de bailar, el tío metió tres billetes azules de 200 dirhams (unos  60 euros) en el velo de la chica, despues apareció otra, y luego otra, todas le danzaban, con diferentes y espectaculares movimientos, con las caderas vibrando y dibujando con sus cuerpos figuras imposibles y muy sensuales….

Esto continuó durante al menos una hora y el ambiente iba tomando forma, entraban más chicas locales que comenzaban a conversar con el público europeo y americano y la danza del vientre parecía contagiar a todos de un ánimo especial, olvidando las restricciones sociales que oscurecen este bello país.

Despues de este momento mágico nos marchamos, el ambiente continuó tan tentador como hasta el momento y dejamos ese otro mundo atrás, con la promesa de volver a ser embrujados por las enigmáticas bailarinas de “Le comptoir”.

Guatemala, Volcán Pacaya.

•diciembre 24, 2008 • Dejar un comentario

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A 2.800 metros de altitud, en el corazón de Guatemala, la tierra se resiste a morir. Y nos avisa, arde, quema la piel de quien  se atreve a alzarse a su cima hundiéndo cada paso en su negra piel escamada.

Este paisaje increible es un viaje al inicio de los tiempos. Cuando se llega a la falda y podemos contemplar como las rocas de fuego ruedan por la colina apenas podemos contener la emoción al ver unas imágenes fascinantes, remotas. Todo entra en otra dimensión al coronar la segunda colina y ver el río de lava brillante y sólida, y su sonido… pone los pelos de punta el crujido de las entrañas de la tierra que gime y se lamenta como cuando se retuerce el cuero seco, duro y antiguo…

Antigua Guatemala, detenida en el tiempo.

•diciembre 8, 2008 • 4 comentarios

Antigua Guatemala, generalmente conocida como Antigua es una pequeña ciudad situada en las montañas centrales de Guatemala, junto a los volcanes Agua, Fuego y Acatenango, que la rodean.

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Su construcción se inició en 1543 , en las faldas del Volcán de Agua. Durante su desarrollo y esplendor fue conocida como una de las tres ciudades más hermosas de las Américas Españolas. 

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 La naturaleza se cebó con la colonia  y según la leyenda, el volcán de agua se vengó de la furia destructiva de los Españoles contra la población indígena y escupió por su cráter el agua suficiente como para diezmar a su población.

 

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Resistió el pueblo y continúo adelante, pero en el año 1773 con la ciudad en pleno apogeo, la tierra quiso de nuevo que despues de dos terribles terremotos, la mayoría de la población pereciera, bajo las casas de adobe, asfixiados por el polvo de estas construcciones. La mitad restante emigró a la que hoy es la actual capital. Tras esta tragedia, la ciudad se detuvo en el tiempo…

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Hoy es una ciudad en calma, un remanso de brisa primaveral que corre entre sus anchas calles de bajas y coloridas casas, cuidadas, orgullosas de si mismas, de sus fachadas y de sus patios españoles.

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Adornada por los mismos colores que vistieron los hogares de las indias americanas, sus monumentos, impecables ante el paso del tiempo o recios en sus esqueletos centenarios, son un universo de calles calmadas, detenidas en el pasado que transmiten la grandeza y el esplendor del pasado imperio Español, ahora respirando en silencio.

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Tienen fama sus habitantes de elaborar magníficos guisos, lo que pudimos comprobar en una especie de tasca donde en un patio interior, comimos de al menos tres pucheros humeantes de los 20 ó 30 que un mostrador de madera recia sostenía ofreciéndose a los turistas que pasaban por delante con el estómago pidiendo a gritos probar aquellas deliciosas salsas de tomate especiado.

Se le conoce como “Ciudad de las perpetuas rosas” por su eterna primavera. Al caer la noche aún se vuelve más misteriosa, preciosa y estudiada, se iluminan con gusto los ancianos monumentos y el resto de la ciudad queda en la penumbra con las luces modernas haciendo la vez de antiguos candiles entre restaurantes y mansiones señoriales abiertas a la visita. Entonces las sombras de hombres y mujeres que pasean respirando hondo el aroma de las rosas y la brisa de la montaña podría ser la misma de hace 500 años.

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Marruecos: Agadir, soldados y pescadores.

•diciembre 5, 2010 • Dejar un comentario

El sudor es una recompensa al sufrimiento, su marcada carrera por el rostro gesticulado reconoce el esfuerzo y los surcos húmedos de su caminar nos dan alas, inmensas, más allá de lo que esperábamos de nosotros mismos.

El calor es pesado y se sujeta a los hombros, a las piernas, como un enorme gorila humeante que te abraza y se queda incrustado en tu espalda sin ninguna intención de marchar. Pero sabes que no vas a parar, no ahí, este es el momento que esperabas cuando desde la inmensa playa, acariciado por el murmullo de las olas y la suave brisa mirabas hacia arriba, hacia la fortaleza que serena, estoica, observa a la ciudad sintiéndose madre y heredera de su tiempo y su historia.

Aquella vez me propuse subir bajo el sol, a la carrera, como lo debían haber hecho los miles de soldados cristianos que atacaron una y otra vez la fortaleza, extenuados tras la subida, en el vértice de aquella montaña parece increíble que pueda ser conquistada, aunque fuera rodeada y asediada una y otra vez. Ella está inmensa en lo más alto, bella y preciosa coronando la cima. Un paso tras otro, hasta la cresta y al encuentro de sus almenas.  

  

Y el esfuerzo merecio la pena, Agadir tiene una panorámica impresionate, una de las playas más hermosas que he podido ver jamás, extensa se va curvando como una sonrisa amistosa hacia el océano tan azul, y hacia sus adentros, la pequeña ibiza marroquí se salpica con numerosas casas y edificios de estilo mediterraneo que conjugan las fachadas blancas y los alfeízares de sus ventanas en cal y madera color canela.

    

Al anochecer se ilumina la ladera: Allah, el Pueblo y el Rey. Estas son las palabras que brillan en la noche acostadas en la falda de la montaña, se erigen majestuosas y penetran nuestro ánimo al pasear por el extenso malecón de Agadir, nutridamente poblado de personajes locales, tranquilos, dispersos en sus conversaciones entremezcladas con el árabe tradicional de marruecos y el bereber.

Agadir es tranquila, muy respetuosa con los extranjeros, es serena de espíritu, muy lejos de la estresada Casablanca o la turística Marrakech. Sus avenidas paralelas a la playa son amplias y ajardinadas y reina siempre una calma agradable y sencilla. Está poblada de alemanes e ingleses, europeos en general que se mezclan en esta quietud de fachadas níveas, sin estridencias ni barullos similares a los propios de las costas españolas, se balancean en Agadir al ritmo cansino de su océano imparable, sintiéndose seguros y bien recibidos.

Algo que me impresionó realmente en Agadir y que destacaría entre todo lo demás fue su puerto, centenares de barcos de pesca se agrupan cuidadosos, con sus quillas quebrantadas por las tremendas mareas del altántico, sufridas, oxidadas y corroídas por la salitre.

Fondeadas por maromas curtidas de tiempo. Cientos en filas de a cinco y seis, abarloadas en cofradías, con sus nombres que las hacen casi inmortales a mi vista al atardecer de este espléndido lugar. Los hombres reparan las redes, los barcos duermen desde el ocaso temprano preparados para la dura faena que les espera al alba, un suave olor a pescado fresco acompaña el paseo, furtivo de la presencia de las fragatas de guerra del ejército marroquí atracadas frente a los pesqueros en la zona militar. Mientras tanto las gaviotas se dibujan dispersas en el sol de atardecer y el esbozo aperfilado de estos heroes mitológicos de acero quebrado por la furia de poseidón se deshace en el horizonte…

2 metros detrás de mi

•diciembre 4, 2010 • Dejar un comentario

Leí en algún lugar un comentario que me resultó muy divertido: Dios puede perder su poder a voluntad? Si lo hace ya no será Omnipotente, si no puede entonces no es Todopoderoso.
Hace unos días, tenía una entretenida charla con un compañero de trabajo, en Marruecos, había finalizado el Ramadán y nos batíamos la última copa de vino a ver quién tenía razón y lograba convencer a su adversario de su tesis, cosa bastante improbable debido al consumo de los tragos restantes hasta llenar la botella de Medaillon y que ya habían consumado su espirituoso efecto imponiendo la testarudez (buen vino Marroquí el Medaillon, tinto y con cuerpo como un sano rioja joven, además muy asequible).
Las dos posturas de la reyerta coloquial eran las siguientes, una sostenía que el motivo de que las religiones tuvieran un gran arraigo en determinados países es la poderosa influencia de sus gobiernos radicales, la otra, que dicho motivo era la falta de cultura y desarrollo de sus sociedades y por lo tanto menor capacidad de síntesis y análisis del fenómeno “Dios”.
En cualquier caso, la conversación se inició por lo absolutamente absorvente que nos resultó la influencia de la religión en la sociedad Marroquí, y esto por el hecho de que acababa de terminar el insufrible sacrificio del Ramadán y una muy numerosa parte de la población estaba peregrinando de inmediato a La Meca en el periodo denominado como OMRA, incansables y fervorosos, insaciables de su señor, de nuevo a su encuentro…
Aquella misma tarde, nos habíamos quedado de piedra por la impresionante afluencia de peregrinos musulmanes en el aeropuerto internacional Mohamed V de Casablanca, ataviados con sus ropajes blancos de pies a cuello, ellos ligeros de ropa, ellas hasta la cabeza, incluida, con el típico pañuelo blanco cubriendo el cabello, y en numerosas ocasiones tambien la cara, mujeres ya muy mayores, de las que apenas se veían un par de lentes en la rejilla de la minúscula ventana de la incomprensible intolerancia religiosa.
Llegaban por centenas agolpándose junto a las cintas que distribuyen las maletas y trifulcando por los carros para transportarlas, y entre todo este jaleo de fantasmales figuras alba de tez ambarina aparecían de nuevo, salpicadas como se salpican las minorías radicales entre la sociedad conformista,  las sombras negras, desdichadas, menospreciadas y humilladas en público a ser anónimas para la satisfacción de su amo por un lado y su dios por el otro. Es siempre tan impactante esta imagen, siempre, que al final solo me surgía la pregunta de quién puede amar a alguien y someterle al castigo de ser un fantasma social, toda una vida sin el sol y la brisa, la amistad, las miradas, los gestos de complicidad, de aprobación, de comprensión, las muecas de sinceridad o ironía, de amabilidad o de generosidad y el derecho a perderse entre la gente no importa de que lugar del mundo sin ser observada, y en definitiva la vida más allá de la cautividad de su aislamiento social.
La afimación que hacía al inicio tiene un motivo, una pregunta, ¿cuál es la fuerza que hace que los hombres se entreguen a este fervor salvaje en contra de la lógica, la ciencia y la razón?, y voy más allá, ¿qué fuerza es tal, que puede hacernos ser crueles con nuestros seres queridos sin motivo justificado y aparente ?. Dios está por encima de la ciencia pues no lo explica, tambien de la razón pues la contradice-. Somos seres totalmente irracionales, cuadrúpedos o bípedos pero no más allá de los simios, por muy inteligentes que queramos parecer, y más aún somos fácilmente manejables por cualquiera que se lo proponga, pues no necesitamos pensar para creer.

Yo, cada día que pasa, me siento más polvo, tierra, agua y aire, y en polvo me convertiré seguro, pero mientras tanto, no me queda más que dejar mi opinión, aunque sea en este pequeño espacio para el desahogo, de la tristeza y desasosiego que me provoca la crueldad del ser humano.

Hablar por hablar

•enero 17, 2010 • 2 comentarios

En los últimos años he tenido la suerte de poder vivir en diferentes países del mundo por largos periodos de tiempo. A pie de calle, mezclado con las gentes del lugar, ricos y pobres, gente normal, ancianos y niños, mujeres y hombres por igual de distintas capas y estratos sociales, funcionarios malhumorados y camareros de barrio, guardas de seguridad con cara de malas pulgas y ejecutivos de cuentas bancarias engominados de frente a nuca, porteros de bloques de viviendas de ricos que apenas sabían leer pero con una educación exquisita y vendedores de tacos y enchiladas gordos, grandes y grasientos acompañados de perlitas durango en bizarrescos pueblos perdidos de centroamérica. Policías de fronteras repletas de camiones tipo “el demonio sobre ruedas” más dispuestos a recibir que a dar, niños pidiendo descalzos, madres pidiendo con niños en brazos, tenderos de fruta fresca que hacían las delicias de mi paladar y estómago en las calurosas calles de cualquier ciudad de México, al medio día. al atardecer… cuantos más cito más olvido, quede mi recuerdo y agradecimiento a cada una de estos personajes que espero vivan para siempre en algún lugar, y cómo no, taxistas, cientos de taxistas contandome historias tan increibles o tan ciertas, más de las primeras y muchas más que no escuchaba mientras observaba pasar la vida por los cristales de aquellos vidrios como un documental, alguno de tantos taxistas se convirtió en amigo inseparable…

El trato con toda esta gente, con sus pieles color aceituna y café , el contacto con la fuente de riqueza más maravillosa del universo, el ser humano… nuestras conversaciones públicas e intimas, regateos, engaños, sonrisas y discusiones, la amabilidad y acogida sin condiciones de los latinos y la mirada desconfiada del africano.  Toda esta gente . me ha generado siempre un sentimiento de responsabilidad con su memoria y un momento de reflexión antes de dar una opinión sobre sus costumbres, trato, forma de vida y condición social… en definitiva antes de opinar fríamente sobre algo que puedo desconocer y que debería tener todo mi respeto, tanto como enriquecieron mi espíritu.

 Y porqué suelto todo este rollo metafísico…. pues porque quiero invitar a reflexionar sobre la facilidad que tenemos de calificar lo que vemos sin conocerlo, y de la responsabilidad que tienen nuestras palabras cuando las llevamos por el mundo como embajadores de lo que hemos visto y los demás no, y el crimen que ejecutamos cuando lo enseñamos y mostramos errando el punto de mira y transmitiendo informaciones que maltratan la realidad, gratuitas y vanales y que en algunos casos pueden entorpecen pensamientos y actuaciones solidarias.

Para concretar y así me mojo diré que vengo escuchando recientemente numerosos comentarios sobre la mujer de Marruecos en el sentido de su europeización, como si todas fueran unas locas desenfadadas que van enseñando muslo y cacha  y se desmadran a la mínima que llega el fin de semana. Lo malo no es comentar lo que uno ve, lo grave es no meditar antes de hablar y ubicar la realidad en su justa medida. Muchas veces me pregunto cuándo comienzo a conocer un país, la metamorfosis, el momento cuando me siento uno más y comienzo a entender lo que sucede a mi alrededor es un proceso de varios meses, y de repente me encuentro como un tapón en el cuello de la botella, en un lugar que podría ser perfectamente el mío. 

El Islam es una religión que domina el país donde se instala, y las mujeres están sometidas a esta religión como peones tristemente destinadas y sometidas a la voluntad del hombre, esto está establecido así y le dedicaré un capítulo especial en prime time. Las opiniones que se vierten sobre su libertad son un lastre que no ayuda para nada a dar un cambio a esta situación, y cuando vemos un grupo de jóvenes vestidas en vaqueros deberíamos tomar nota de los miles de mujeres que caminan a nuestro alrededor tapadas hasta las orejas o con un simple pañuelo y una túnica, y pensar porqué lo llevan,,, e imaginar porqué no se lo quitan, y pensar lo jodida y perra que debe ser una vida sometida a la voluntad del otro, siempre, lo que te digan eso harás y cómo te maltratarán si no lo haces, te insultarán y golpearán, física o moralmente y dormirás sola, sin consuelo hasta que decidan que ya eres digna de regresar… así lo dice el Islam,esto es lo que sucede en la intimidad, todo irá bien mientras te sometas, pero ahí de tí si vas contra la máxima ley. Esta es la libertad que imaginan los turistas que regalan bolígrafos a los niños de Marrakech y Essaouira y se permiten valorar en dos días la libertad de la persona, por no hablar de los niños de papá montados en sus jamelgos de Ralph Laurent (creo q se escribe así) que vienen a cooperar, copular  y despues de arreglar el mundo palabreando mientras dura el botellón nunca más vuelven.

Dejo la reflexión en el aire, abierto el debate que continuaré con más datos y mal humor, el que me provocan las opiniones gratuitas y la falta de meditación de las cosas, sobre todo de las importantes que tienen que ver con la Libertad, el Bienestar y el Respeto al Ser Humano……. Salam!